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Los perros de ayuda social son ejemplares seleccionados y criados específicamente para acompañar, asistir y mejorar la calidad de vida de personas con necesidades especiales. Son animales con una estabilidad emocional excepcional, una baja reactividad y una predisposición al aprendizaje muy por encima de la media, que exige una base genética de líneas de sangre muy seleccionadas.
No estamos hablando de un perro bueno o simplemente tranquilo, sino hablamos de un animal que tiene la capacidad de desenvolverse en entornos impredecibles, manteniendo un adecuado control emocional, predisposición al trabajo y aprendizaje y capacidad de atención sin oscilaciones temperamentales peligrosas. Es un perro seleccionado específicamente para sostener emocionalmente a usuarios que lo necesitan y capaz de trabajar en situaciones que la mayoría de otros perros no tolerarían sin estrés.
Nuestra labor se sustenta en casi 10 años de especialización continua en la selección y cría de perros de ayuda social, con una base científica y comprensión profunda del comportamiento humano y canino. Casi una década formativa profunda de dedicación absoluta al bienestar animal e impacto terapéutico que un perro puede tener en la vida de una persona.
En nuestro equipo contamos con una Psicóloga especializada en Clínica y Salud por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), una formación que aporta una comprensión rigurosa de los procesos emocionales, cognitivos y conductuales de las personas que van a beneficiarse de un perro de ayuda social. Esta mirada terapéutica nos permite entender qué va a necesitar cada usuario específicamente dependiendo de su contexto familiar y casuísticas individuales.
A esta base formativa universitaria, nuestra profesional cuenta con cuatro especializaciones clave en el ámbito del trabajo asistido con animales, ámbito veterinario y de bienestar animal:
Experto en Intervenciones Asistidas por Animales (IAA) certificado por Bocalán (Madrid): una de las entidades pioneras y prestigiosas de Europa en la formación de equipos perro - terapéuta. Una formación que nos permite comprender en profundidad qué aporta un perro a nivel clínico, educativo y social y qúé requisitos debe cumplir para ser un apoyo real y seguro para una persona. Esta formación nos permite impartir, diseñar y dirigir terapias con animales específicamente diseñadas para las necesidades de cada usuario.
Técnico en Intervenciones Asistidas por Animales (IAA) certificado por Bocalán (Madrid): formación práctica y transversal que nos ha permitido poder trabajar con casos reales, protocolos rigurosos y criterioes de idoneidad basados en los estándares internacionales de Intervenciones Asistidas por Animales. El nivel de experto nos permite el diseño y la dirección de terapias con animales, no obstante el nivel de técnico constituye el pilar práctico de nuestro trabajo, con el que adquirimos las competencias específicas para aplicar intervenciones asistidas estructuradas con manejo emocional, control del entorno y seguridad.
Auxiliar Técnico Veterinario (ATV) por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED): una titulación que aporta conocimiento clínico, sanitario y preventivo imprescindible para la cría y selección de perros de ayuda social. En programas de intervención asistida, el bienestar físico del animal es tan crítico como su estabilidad emocional, por lo que la formación en ATV nos permite integrar criterios clínicos en la selección temprana de ejemplares.
Curso en Bienestar Animal impartido por el Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal de Castilla-La Mancha (IRIAF): una formación preceptiva que aporta los criterios legales actualizados para garantizar la calidad de vida de los ejemplares de cría.
En NALAB seleccionamos compañeros que gracias a nuestra formación y trayectoria profesional, es garantía de que cada selección, prueba e interacción con los cachorros está basada en la ciencia, ética y comprimiso real con el bienestar animal. Todo nuestro esfuerzo tiene un único objetivo: que cada persona que reciba uno de nuestros perros sepa que ha sido seleccionado por su capacidad para cambiar su vida.
La base elemental para un perro de ayuda social se basa en la genética del temperamento, especialmente en la baja reactividad. Este rasgo es altamente heredable y hace referencia a la velocidad o intensidad con la que el animal responde a estímulos inesperados, como movimientos bruscos, personas que se caen o ambientes emocionalmente cargados. La reactividad es un rasgo con una importante carga genética, por lo que perros reactivos tienden a producir camadas reactivas, que pueden mejorar con la socialización pero esto no cambia un temperamento de base ya heredado sino que evita que se desarrolle negativamente. Educar un cachorro nacido de líneas nerviosas o impulsivas es inestable, a cierta edad los límites aparecen.
Un error que cometen muchos criadores no experimentados en este contexto social, es creer que todos los labradores son válidos para ayuda social. Especialmente aquellos criadores que trabajan con líneas de exposición o de campo, suelen primar características físicas y morfológicas en detrimento del carácter, por lo que sus ejemplares pueden llegar a ser nerviosos, impulsivos, mostrar una alta sensibilidad al ruido, alta saturación etc. Por lo que, pese a que muestren una adecuada obediencia, no tienen capacidad para desarrollarse en la ayuda social. La obediencia se adiestra, la reactividad no.
Un programa de ayuda social exige predictibilidad, que solo se consigue trabajando con líneas donde ya sabemos cómo se comporta la genética. Los antepasados deben haber mostrado una baja reactividad en diversas situaciones, ausencia de historial de miedo o agresividad, alta capacidad de adaptación social, mantenimiento de la atención, inteligencia o estabilidad emocional.
Incluso cuando se realiza un cruce entre progenitores de líneas de ayuda social, no todos los cachorros nacidos son aptos para este tipo de programas. La genética es influyente, pero la variabilidad dentro de una misma camada sigue siendo significativa y por ello se exige un proceso de selección técnico y planificado.
Aunque ambos progenitores posean cualidades excepcionales para el trabajo social, los cachorros de las camadas resultantes no las heredan de forma idéntica. Desde las primeras semanas de vida podemos observar diferencias claras entre los cachorros, que evaluamos en un proceso de selección que comienza principalmente desde la semana 6ª de vida. A esta edad es posible observar patrones de comportamiento en los cachorros relativamente estables, por lo que comenzamos a aplicar distintas pruebas y baterías de test generales y otras específicas dependiendo del caso concreto al que vaya a ser destinado el cachorro en un futuro.
No es lo mismo seleccionar un perro para una persona con TEA a un perro de alerta médica para una persona que sufre de crisis epilépticas. La base principal de equilibrio que debe mostrar el cachorro necesita complementarse con pruebas específicas que dependerán del caso concreto.
Ofrecer un cachorro para ayuda social sin haber realizado esta selección, es un acto totalmente irresponsable. La vida de personas con necesidades especiales depende del adecuado desempeño de estos ejemplares. La selección debe ser rigurosa y debe garantizar que no se generan riesgos que fuercen al perro a realizar un entrenamiento para el que no está preparado.
Criar y seleccionar ejemplares para ayuda social es en definitiva convertir el cariño y la genética en un acto de servicio real y profundo, un vínculo que transforma vidas.
La elección de un cachorro para programas de ayuda social no puede basarse en intuiciones o suposiciones, requiere un proceso meticuloso, estructurado y estandarizado que permita identificar desde edades tempranas, qué ejemplares poseen el potencial real para convertirse en perros de ayuda social.
En casa hemos elaborado un sistema propio de evaluación: el Test de Carácter NALAB, una herramienta diseñada para evaluar los rasgos temperamentales y conductuales esenciales en un perro destinado a acompañar a personas con necesidades específicas.
El Test de NALAB es un protocolo que hemos desarrollado a partir de la experiencia propia en la cría, selección y seguimiento de perros destinados a asistencia social. Este test valora aspectos clave como reactividad, estabilidad emocional, capacidad cognitiva, tolerancia a la frustración, apertura a la experiencia, capacidad de atención, capacidad olfativa o sensibilidad entre otros ítems. Estos parámetros permiten detectar tempranamente si un cachorro tiene el temperamento adecuado para convertirse en un perro de ayuda social.
Pero este trabajo no termina con nuestro Test de NALAB, puesto que cada tipo de usuario final requiere unas necesidades específicas y una predisposición concreta por parte del animal. La elaboración y estudio de pruebas específicamente diseñadas para cada usuario nos permiten evaluar que cada cachorro sea destinado exactamente donde mejor pueda trabajar, garantizando su potencial y ajuste real entre perro y persona.