ETAPA DE LA IMPRONTA
LA MÁS IMPORTANTE DE SU VIDA
LA MÁS IMPORTANTE DE SU VIDA
Si la bioestimulación temprana es el primer paso en el desarrollo del cachorro y quizás incluso más rígido, la etapa de la impronta es uno de los pasos más importantes y flexibles en la relación social con las personas y con el resto de animales. De hecho, en la raza del labrador que tiene un vínculo tan estrecho con el ser humano, la calidad de esta impronta tendrá una influencia enorme en sus relaciones con las personas cuando sea el animal sea adulto.
La impronta es un fenómeno biológico en el que el cachorro aprende a identificar y reconocer a aquellos individuos con los que deberá relacionarse socialmente a lo largo de su vida. Es un periodo de tiempo muy corto (unas tres semanas) en las que el cerebro del cachorro se encuentra especialmente receptivo a determinas experiencias sociales positivas, que tendrán un impacto duradero sobre el desarrollo emocional y conductual cuando sea adulto.
Esta etapa de la impronta comienza a partir de la tercera semana de vida del cachorro, alcanzando su máxima relevancia hasta la séptima semana, aunque sus efectos continúan desarrollándose durante todo el periodo de socialización, es decir hasta la doceava semana de vida. Esta etapa coincide con la apertura de los ojos y las orejas, en la que el cachorro ya puede percibir su entorno y aumenta su movilidad, construyendo las bases de sus relaciones sociales.
El labrador es una raza que fue seleccionada para trabajar conjuntamente con el ser humano, colaborando con este de manera constante y manteniendo un fuerte deseo de interacción. Es por esta razón que la impronta adquiere una relevancia aún mayor que en otras razas más independientes, cuyo trabajo no es tan cercano ni delicado con el ser humano.
Cuando un cachorro de labrador recibe una correcta impronta, desarrolla una mayor confianza con las personas, menor tendencia a respuestas de miedo social, mayor tolerancia a la manipulación, mejor adaptación a los cambios y gestión del estrés. Esto es especialmente importante en aquellos individuos más introvertidos o sumisos que necesitan un aporte extra de interacción social, ya que la carencia de esta estimulación puede propiciar la aparición de inseguridades, timidez o dificultad y miedos en la relación con las personas y/o con otros animales.
Una de las creencias erróneas más extendidas consiste en pensar que basta con que los cachorros vean a las personas ocasionalmente, y en el caso del criador, que es suficiente con que este visite de vez en cuando a la camada para comprobar que todo avanza correctamente. Los cachorros necesitan experiencias directas, agradables y repetidas con las personas, y en este caso con su criador que va a ser la persona que va a estar en contacto constante con la camada por razones de higiene y seguridad. El criador debe tener un contacto físico suave, hablarles con suavidad y cariño y manipularles de manera respetuosa, adaptando estos contactos según la edad del animal.
El animal debe acostumbrarse a que le toquen las patas, le revisen las orejas, le abran suavemente la boca para examinar sus dientes, que le manipulen la cola y que le sujeten cuidadosamente en distintas posiciones. También debe acostumbrarse a los ruidos intensos y repentinos, a los diferentes tonos de voz de las personas. Además el juego controlado y adaptado con las personas es otra de la estimulación que debe aplicarse en esta etapa. Estas experiencias reusltan extraordinarias para el futuro del cachorro.
Aunque existen numerosos protocolos y programas diseñados para favorecer la impronta en los cachorros, la realidad es que no es imprescindible seguir un plan rígido o excesivamente estructurado para obtener buenos resultados. Lo verdaderamente importante es que el criador aproveche las oportunidades que ofrece la convivencia diaria con la camada, estableciendo un contacto directo, frecuente, positivo y de calidad con cada cachorro.
Ningún programa puede sustituir al criterio de un criador experimentado que convive diariamente con su camada y conoce las particularidades de cada uno de sus cachorros. Precisamente por ello, los programas excesivamente rígidos o aplicados de manera uniforme a toda la camada, en la que en esta etapa de impronta cada individuo comienza a necesitar una estimulación diferente, no son la mejor opción. Un criador experimentado aprende a identificar cuando un cachorro necesita más estimulación en un ámbito, cuando conviene reforzar su curiosidad natural o cuando una determinada interacción le está fatigando. La impronta es un proceso individualizado en el que cada cachorro recibe aquella estimulación que necesita en cada momento.
Es recomendable aprovechar los momentos de cuidados diarios de la camada para observar detenidamente a cada cachorro, revisar su desarrollo y crecimiento, comprobar limpieza de ojos y orejas, valorar el estado de la piel y pelaje, comprobar el aumento de peso y en general observar su crecimiento. Es en estas revisiones diarias y rutinarias que permiten detectar precozmente cualquier anomalía, que al mismo tiempo habitúan al cachorro a ser manipulado de forma natural y agradable. Mientras se explora fisiológicamente al cachorro, se les habla y acaricia para que se familiaricen con el olor, tacto, sonido y presencia de las personas. A medida que van creciendo y aumentan sus capacidades sensoriales y motoras, estas interacciones sociales evolucionan hacia momentos de juego con los cachorros, especialmente los juegos de contacto y luchas, donde estos aprenden donde están los límites del juego seguro y respetuoso con las personas.
En definitiva, más que seguir un programa complejos, la clave de una buena impronta humana reside en la constancia, la naturalidad del criador y calidad de las interacciones adaptando estas a las necesidades de cada cachorro. Un criador que dedica tiempo cada día a observar, manipular y relacionarse con sus cachorros de forma tranquila y respetuosa esá realizando una de las mejores improntas posibles.