Cuando nos referimos al Labrador "Fluffly" o "Labrador de pelo largo", nos estamos refiriendo a un labrador que posee una mutación genética que provoca que su pelo sea significativamente más largo que un labrador normal. Aunque a simple vista pueda parecer una variedad de Retriever distinto, o incluso un cruce con un Golden Retriever, la realidad es bastante distinta. El Labrador Fluffly proviene de dos padres Labradores y no es un perro mestizo ni perteneciente a otra raza. A nivel genético, estructural, funcional y temperamental sigue siendo un labrador como otro cualquiera, conservando las mismas características esenciales de la raza que la han convertido en una de la más queridas.
El término "fluffy" realmente no es una denominación oficial utilizada por la Real Sociedad Canina Española (RSCE), sino que se trata de un nombre popular surgido entre criadores y aficionados que describieron este labrador de pelaje más largo y abundante de lo habitual. Es español se puede traducir como "esponjoso" o "peludo" haciendo referencia a la diferencia palpable en comparación con el manto normal del labrador. Por tanto, no estamos ante una nueva raza, ni ante una mutación que altere la personalidad o salud del perro, lo único que cambia es cuánto crece su pelo y en qué forma.
Cachorro de Labrador Fluffy en el que se puede distinguir especialmente el crecimiento del cabello largo en las orejas
Para comprender realmente qué es un Labrador Fluffly, no basta con saber que tiene el pelo largo, la verdadera explicación se encuentra en su genética, concretamente en un gen denominado FGF5 (Fibroblast Growth Factor 5). Este gen pertenece a un grupo de genes implicados en numerosos procesos biológicos relacionados con el crecimiento y el desarrollo de los tejidos. En el pelo funciona deteniendo la producción del folículo piloso en un punto concreto, por lo que cuando este ha crecido lo suficiente, el gen FGF5 envía una señal al folículo indicando que tiene que detener su crecimiento. Sin esta señal continuaría creciendo durante más tiempo, como nos ocurre a las personas.
Ejemplar adulto de labrador Fluffy color chocolate
En un labrador normal, el gen FGF5 funciona correctamente, por lo que su fase de crecimiento del pelo es corta. Mantiene una longitud más limitada del cabello, creando así el característico manto corto, denso y resistente al agua que establece el estándar de la raza. Sin embargo, en el labrador fluffly, existe una mutación hereditaria en la que el folículo permanece más tiempo en fase de crecimiento, por lo que el cabello continúa desarrollándose más tiempo en comparación con un labrador normal, resultando así en un cabello más largo que no se adecúa al estándar de la raza.
La mutación que genera el gen FGF5 de pelo largo es recesiva, eso significa que el perro necesita heredar dos copias mutadas del gen para expresar el genotipo fluffy. Si solo recibe una de ellas, el perro tendrá fenotípicamente el pelo corto aunque puede que muestre en algunas zonas especialmente a lo largo de la espalda, pelos un poco más largos respecto del resto del cuerpo.
Actualmente se sabe que la mutación responsable del Labrador Fluffy únicamente tiene un papel estético sin afectar ni causar enfermedades ni alteraciones en ninguna otra parte del cuerpo. Por lo tanto, se considera una variante morfológica y no una enfermedad genética, ni alteración funcional conocida. Es decir, la mutación del FGF5 afecta exclusivamente a la morfología del pelo, sin evidencias de impacto en la salud general del Labrador, el comportamiento o la esperanza de vida del animal.
Esto es importante diferenciarlo puesto que existen otras mutaciones genéticas caninas, por ejemplo en el gen de dilución que causa los tonos silver, que sí pueden comprometer la salud el animal. En este caso hablamos de pigmentación del pelo, que está causado por el gen D (MLPH) que afecta a la distribución y concentración del pigmento. Este gen de pelo silver se ha asociado a problemas dermatológicos conocidos como alopecia por dilución del color (CDA), una condición que provoca pérdida de pelo.
Labradores de pelo corto en una jornada de trabajo
Por otro lado, estudiando el estándar de la raza, el labrador fue desarrollado como un perro de trabajo especializado en el cobro de aves acuáticas en condiciones de aguas muy frías y durante largas jornadas de trabajo. El estándar establece que su manto debe ser corto con una capa de subpelo y aceites naturales que les ayudan a repeler el agua impidiendo que penetre en la piel, permitiendo que este se seque antes reduciendo la humedad resultante. Además, limita los enganches del mismo en plantas o zarzales, espigas, acumulación de barro o restos vegetales que puedan afectarle en sus jornadas de trabajo. Sin embargo, un labrador Fluffy aunque sigue siendo un buen nadador, no posee el mismo nivel de funcionalidad del manto. Su pelo largo se seca con mayor dificultad y es una auténtica "trampa" para todo tipo de suciedad en una jornada de trabajo. Es este el motivo por el que su pelo se considera un rasgo indeseable y no se debe perpetuar su cría o utilizarlo como ejemplar reproductor.
La historia del Labrador Fluffy dentro del Labrador Retriever adolece a un descubrimiento tardío de la que no existe un origen documentado. No sería hasta finales del siglo XX y principios del XXI que se aisló a nivel molecular el papel del gen FGF5 en la longitud del cabello, por lo que pudo estudiarse en distintas razas de perros.
Aunque algunos criadores tradicionales mencionaban ocasionalmente a cachorros con un manto más largo especialmente en áreas como orejas, cola o pecho, estos ejemplares no eran frecuentes, sin embargo no eran utilizados en la reproducción e incluso eran excluidos de los programas de cría por no ajustarse al tipo ideal de la raza. El problema es que, en ausencia de test genéticos en aquella época, no existía alguna forma de relacionarlos entre sí ni de entender que comparten una base hereditaria.
Ejemplar de Labrador Fluffy color negro
Lo que sí se sabe actualmente es que el pelaje largo del Labrador Fluffly no es consecuencia de cruces con otras razas como a menudo se cree de forma errónea. La mutación causante ha estado presente desde hace generaciones dentro de la propia población de Labradores, es decir en su acervo genético. Por ello, su estudio resulta de gran interés para los criadores responsables, que deben conocer en profundidad las características genéticas de sus líneas para gestionar adecuadamente aquellos rasgos que, aun formando parte de la historia del Labrador, se apartan del estándar oficial establecido para la raza.